Reflexiones desde el amanecer: La humanidad

Equipo de redaccion

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“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” Génesis 1:27

El propósito de Dios ha sido desde el principio recrear sus propios atributos en la humanidad, por eso creó tanto al hombre como a la mujer a su misma imagen. No se trata del aspecto físico porque la misma Biblia dice que Él es invisible y que nadie lo ha visto jamás; sino que puso en su interior, en el alma del hombre y de la mujer las características esenciales que lo identifican como DIOS: es ESPÍRITU y es AMOR. Sin embargo, la humanidad trata, también desde el principio, de hacer las cosas alejados de la voluntad de quien lo creó; y constantemente inventa maneras propias de hacer las cosas, establece reglas que convengan a sus intereses y busca alcanzar la felicidad alejado del único que puede darla permanentemente.

¡Y suponemos que nuestra vida está en nuestras manos!  Pero estamos equivocados:  Cuando hacemos las cosas a nuestra manera no siempre nos salen todo lo bien que esperábamos; entonces nos sentimos insatisfechos; al establecer reglas o normas, no siempre ayudan a nuestros propios intereses, y nos sentimos frustrados; nos fijamos metas para obtener la felicidad y cuando las logramos alcanzar nos sentimos nuevamente vacíos, cansados y más desesperanzados aún.

Si sientes que no tienes un propósito claro en tu vida, que hay un profundo vacío en tu interior, y no ves la luz al final del túnel, Dios desea cambiar esa situación. Acércate a Jesucristo para que puedas nacer de nuevo, teniendo su imagen, como ha sido la eterna y perfecta voluntad de Dios. 

¡JESUCRISTO ES RESTAURADOR DE VIDAS!

“¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, es carne; y lo que es nacido del Espíritu, es espíritu.” Juan 3:4-6

Artículo escrito por Ramot de Galaad.

Imagen por David Eng

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