Hace unos meses, por casualidad, en la aplicación de Audible de Amazon, me topé con la saga de libros «El problema de los 3 cuerpos» (de la cual, la primera parte del libro 1 ya tiene una serie en Netflix). Es una saga fascinante que te atrapa: los humanos intentando defender nuestro planeta de una invasión alienígena que llegará en 400 años con tecnologías mucho más avanzadas que las nuestras. Así que, con 400 años para desarrollar las herramientas necesarias para la batalla de la Tierra, comienza la carrera.
Ganando con la gota de Rupert
Empezamos a desarrollar todas las tecnologías que creíamos necesarias: máquinas que congelaban a las grandes mentes del mundo para que regresaran a supervisar el siguiente avance, tecnologías para viajar a altas velocidades y encontrar la flota enemiga lejos de la Tierra, nuevas armas de destrucción masiva, e incluso métodos para infundir una actitud positiva y ganadora en la mente humana. Seleccionamos a los mejores pilotos, reclutamos a los mejores estrategas. Por 400 años, como humanidad, pasamos preparándonos para ese día.
Cuando de pronto nos damos cuenta de que la flota alienígena ha mandado delante de sí dos objetos con forma de gota. Por si no estás familiarizado con el concepto de gota de Rupert, imagina un pedazo de cristal cuyas moléculas están tan perfectamente alineadas que resiste la presión de las prensas más poderosas de nuestro planeta.
Dos gotas de Rupert, controladas remotamente a altísima velocidad, se dedican a perforar cada una de las naves que preparamos para la batalla. En menos de 15 minutos, las 100 naves de la primera línea de defensa de la humanidad caen, a través de un ataque simple y sencillo de fuerza bruta. Así, 400 años de preparación tecnológica terminan sin servir en el momento decisivo.
Esta parte, tan desesperanzadora para la humanidad en el libro, me hizo pensar en cómo muchas veces lo simple puede ser aquello que nos ayude a ganar las grandes batallas en el Ministerio.
Como un pedazo de hierro permitio conquistar naciones
Dentro de este mismo libro, se hace mención a una de las herramientas tecnológicas que, en su momento, hizo que el Imperio Mongol pudiera conquistar a todos esos pueblos e imperios contemporáneos: un avance tecnológico simple que ni siquiera ellos habían inventado, pero que sí pudieron perfeccionar: los estribos. Esa pequeña pieza donde el jinete pone los pies para controlar mejor el caballo y tener un mejor agarre permitía a los jinetes disparar flechas en cualquier dirección desde encima del caballo. Esto, hasta ese momento, era imposible para otros jinetes, quienes solo podían disparar flechas hacia adelante o hacia atrás y necesitaban un equilibrio casi perfecto. Esta pieza de tecnología les permitía incluso disparar flechas al retirarse, usar armas pesadas como lanzas o mazas, entre otras, con una facilidad desconcertante.
Maximizando lo simple desde el inicio bíblico
Bíblicamente, tenemos un ejemplo de una gran victoria de este tipo: David contra Goliat. Una simple piedra, usada adecuadamente, cambió la historia del pueblo. Al principio de la historia, incluso se le da a David una armadura completa que termina quitándose porque le estorbaba para hacer algo que él ya dominaba y sabía hacer bien: usar su onda. ¡En su caso, ni siquiera era una falta de recursos, sino un excedente de los mismos!
Lo poco en tus manos se convierte en mucho en las de Dios
Cuando pensamos en todo lo que queremos hacer en el ministerio, en esas estrategias para alcanzar a los no alcanzados, tenemos la tendencia a pensar en: redes sociales + sitio web + newsletter + canal de YouTube + podcast en Spotify + app + [inserte su tecnología ideal]… la armadura completa.
Muchas veces no contamos con las personas para llevar a cabo estas estrategias. Tenemos dos o tres voluntarios con tiempo dividido entre su escuela, familia, iglesia o trabajo; uno o dos staff a tiempo completo que a veces están en otro equipo. Vaya, podría seguir mencionando ejemplos, sé que me entiendes. Puede ser desalentador, pero es todo lo contrario, porque las soluciones más creativas florecen en la escasez. Podemos concentrarnos en pensar: de todo lo que puedo hacer,
¿cuál es mi gota de Rupert?
¿Cuál es mi estribo?
¿Cuál es mi onda con la cual, en manos de Dios, venceré al gigante?
A veces eso viene en forma de un voluntario que puede dedicar tres o cuatro horas a la semana para hacer piezas de contenido; a veces para alcanzar a otros, a veces para reclutar a otros.
En mi equipo, ahora somos cuatro staff a tiempo completo y quizás podrías pensar que eso en digital es un montón (¡oro para que puedan venir más a tu equipo!). Pero aunque estoy muy agradecido por lo que tenemos, ¿te digo algo? A veces nos quedamos cortos, necesitamos más personas. Pero hemos creado una cultura de enfoque en nuestras fortalezas y en lo que ahora podemos maximizar, dejando a un lado lo que no podemos hacer.
Hemos podido extender nuestras capacidades usando IA, pero aún así hemos visto que si no nos enfocamos en un punto específico, no importa la herramienta, los resultados se dispersan.
Te invito a orar, dejar el pensamiento de que no es posible hacer nada por la falta de capacidad y enfocar toda esa energía en lo que sí tienes, en lo que puedes dominar ahora.
Porque en manos de Dios, el número de personas en el equipo no define la magnitud de la victoria.
Caminamos con un Dios que si necesita, ¡mueve montañas para pasar! Es Él quien amplifica nuestros pocos recursos para generar un impacto inmenso, mucho más allá de lo que podríamos lograr por nosotros mismos.